Innovación y gobernanza en la Responsabilidad social

Innovación y gobernanza en la Responsabilidad social

En México ha costado mucho trabajo la aceptación de la RSE como instrumento de sostenibilidad y de competitividad. Hasta ahora, la inclusión de RSE en las empresas mexicanas ha sido, en primer lugar, a través de fundaciones, con filantropía, con premios y, posteriormente, con distintivos y certificaciones. Pero curiosamente, la RSE va mucho más allá de todo esto.

Se piensa que la RSE de una empresa debe estar relacionada con el impacto que se produce en forma de apoyos a cohesión o inclusión social, mitigación ambiental, etc. Pero lo que erróneamente se pasa siempre por alto es que la RSE debe incluir necesariamente un nuevo modelo de gobernanza.

El gran olvidado en los temas de filantropía es la delegación de responsabilidad y la integración de agentes de interés (stakeholders). ¿Y qué quiere decir todo esto? Pues sencillamente que la RSE no es dar dinero para mejorar la comunidad o contratar a gente de sectores vulnerables o tener campañas de concientización ambiental interna y externa. El tema del que parte realmente la RSE es el de gobernanza.

¿Y por qué es tan importante la gobernanza en la RSE y por qué se deja de lado normalmente? Precisamente porque las empresas prefieren tener un lado estratégico comercial e independientemente un lado social. Se prefiere entonces que los temas de apoyo y causas sean independientes de la toma de decisiones estratégicas de la empresa. ¿Por qué? Porque las empresas todavía siguen un modelo de mando único a la antigua.

Siempre que hablo de la Responsabilidad social empresarial en México trato de hacer un símil con un ejemplo que todos podemos entender rápidamente: la familia. No importa si es uniparental, si es la mujer la que lleva el mando, etc.

En esta familia ejemplo está la figura del padre o madre, que es quien toma las decisiones más importantes que afectarán a la familia. Están los hijos que aceptan las órdenes de los tomadores de decisiones. Y están, como en toda buena familia, una figura que puede representarse en tres avatares: el abuelito bonachón, el tía alternativa o el hijo mayor que ha salido de casa y ya es independiente. ¿Qué tiene que ver todo esto con las empresas mexicanas?

Tradicionalmente, son los padres los que toman las decisiones: a qué escuela irán los hijos, qué comerán día con día, qué vestirán, etc. Son ellos quienes deciden, de cierta forma, todo lo estratégico por el bien de la familia misma. Y con ello, son los padres quienes cargan con toda la responsabilidad de tener un trabajo para poder dar sus hijos una seguridad económica.

¿Qué pasa cuando llega a la familia el abuelo bonachón y le dice al padre o madre que su nieto debería tener más libertad o que él le quiere pagar a su nieto un viaje por Europa? Si los padres no dan su consentimiento, no importa qué desee el abuelo para su nieto, el hijo de familia no podrá ir a Europa y no tendrá más libertad. La decisión final, en el caso de las familias tradicionales, siempre la tienen los padres o madres. Lo mismo sucede con la tía alternativa que trata que en aquella casa se coma dieta vegetariana, se practique yoga (cayendo en todos los estereotipos) y se tenga una mascota por el bien de sus sobrinos. El caso se repite y son los padres los que tendrán siempre la última palabra sin importar las ideas de la tía.

¿Qué sucede si el hijo mayor, aquel que se ha independizado, regresa a casa de sus padres y trata de imponer nuevas prácticas con sus hermanos, teniendo conocimiento de causa y habiendo visto errores previos? La decisión, aun viniendo desde dentro del núcleo familiar, serán tomadas también por los padres de familia.

La mayoría de las empresas en México siguen funcionando con una gobernanza antigua, en la que no se delegan responsabilidades, ni existe inclusión de los stakeholders en las decisiones estratégicas. Hasta que no haya un cambio estructural en la gobernanza de las empresas, sin importar su tamaño, y se impongan nuevos modelos de toma de decisión colaborativa, la RSE se mantendrá sin dientes, ni garras. Si logramos cambiar el modelo de gobernanza de las PYMES en México, la tarea del impacto será mucho más fácil y rápida.

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Escrito por Roberto Carvallo Escobar

 

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